Hablar el idioma local

 

Hablar el idioma local, es enfrentarse de vez en cuando con fuertes puntos de vista en contra de nuestro trabajo para controlar la población canina. A veces, sería más fácil fingir que no hablo español, en vez de mantener conversaciones que no servirán para nada, obviamente. En efecto, ¿qué le puedo contestar a mi interlocutor si está convencido de que la esterilización es un crimen contra las criaturas de Dios? Aún si uso todo el tacto del mundo para explicarle que hay límites a los recursos que la ciudad puede ofrecer a los perros callejeros, todo será rechazado de plano. Incluso cuando se trata de evitar la miseria y el sufrimiento a las futuras generaciones de perros, la esterilización se debe evitar en la opinión de estas personas. “La enfermedad es parte del círculo de la vida y debemos aceptarlo. Y los seres humanos no deben decidir de la vida o de la muerte. Por cada perro que esterilizan, ustedes matan a cientos de otros.” Es difícil aceptar esa forma de hablar. En estos momentos, me muero de ganas de seguir discutiendo, pero no es ni el lugar ni la hora.


Además, hablar el idioma local, es tener que encontrar las palabras adecuadas cuando alguién me pide consejos veterinarios o me pregunta que examine a sus tres gatos y dos perros o que esterilize a su perrita que ya tuvo tres camadas. Hay que aprender a decir no, incluso después de haber escuchado a estas personas contar sus historias y explicar que no pueden pagar los servicios de un veterinario.

Afortunadamente, hablar el idioma local, también es tener acceso a un montón de cosas maravillosas : entender lo que está escrito en el afiche que veo cada día ; reírme de una broma en la radio con las personas sentadas en el mismo colectivo que yo ; dar las gracias a mis anfitriones después de haber sido invitada a tomar un cafecito ; explicar a los niños en el patio de una escuela que el perro está grabado para un estudio, no porque es la estrella de una nueva película ; preguntar a unos transeúntes asombrados si han visto a un gran perro café que lleva un collar de color rosa con una antena …

Pero hablar el idioma local, es sobretodo tener el privilegio de escuchar las confidencias de todos aquellos amantes de los animales con los cuales me encuentro cada día. Todas estas personas que, directa o indirectamente, tienen perros en su vida y mantienen relaciones muy especiales con ellos.

Esta semana, por ejemplo, mientras seguía a uno de mis perros en el centro, me encontré con una señora que recorría las calles cada mañana religiosamente con grandes bolsas llenas de sobras que distribuía a los perros del barrio. “Es mi manera de ayudar”, me explicó. Luego, una vez completado su tarea, se iba por donde había venido.

Además, no puedo dejar de pensar en este conductor de colectivo hablándome con nostalgía de sus dos perros que amaba profundamente : “Yo les daba de comer, dormían en mi casa, sólo salían para hacer sus necesidades. Un día me robaron el más jóven. Era un perro hermoso. Y luego, mi otro perro fue atropellado por un coche. Eran mis compañeros y ahora estoy solo. Pero no quiero más animales, duele demasiado cuando los perdemos.”

Hoy por la mañana, me encontré con una anciana muy interesante. Me aprendió que el perrito que yo estaba grabando la esperaba pacientemente a las 6:30 cada mañana al lado de su stand, sus ojos brillando con la esperanza de ser recompensado con unos bocados de pan. “Me acompaña a todas partes, incluso a veces en casa”, me dijo mientras tomábamos café en su cocina, el perrito acostado sobre sus pies. Por supuesto, lo que no sabe, es que este perrito ya tiene dueño. De hecho, este pequeño astuto parece perfectamente consciente de su cabeza angelical y usa sus ojos de cachorro para derretir el corazón de los transeúntes ; ya domina el arte de ganarse caricias, sobras de comida y huesos frescos de la carnicería de la esquina …

De este modo, algunos perros tuvieron la oportunidad de encontrarse durante su vida con buenos samaritanos que recompensan su fidelidad y compañía con un poco de comida y aún a veces con una colchoneta para dormir en el porche de su casa. Desgraciadamente, no todos los perros pueden decir lo mismo. Muchos duermen acurrucados entre las cuatro paredes de metal frío que les sirven de caseta, esperando que sus propietarios se acuerden de ellos y les lleven los restos de la comida : pan, cáscaras de papa, huesos… unos alimentos que les predispondrán a sufrir un desequilibrio calcio-fósforo y problemas de crecimiento. A veces, si son demasiado débiles para defender su comida, es el perro del vecino que se la lleva. Pero los dueños no vieron nada y es con la pancita vacía que su perro se vuelve a dormir.

En pocas palabras, hablar el idioma local, es darse cuenta que todavía queda mucho trabajo de educación y concienciación que llevar a cabo aquí. Las necesidades de los perros relativas a la vivienda, la nutrición, el comportamiento, la salud y el afecto son por desgracia muy poco conocidas. Más que nunca, Rebecca y yo sentimos la importancia de crear talleres educativos en las escuelas … ¡Estén pendientes!

Corinne